Tormenta de fuego

Zarak 26 de Morn del 454 P.A

La vista se fue adaptando poco a poco a la luz del día y la verdad que la sensación fue espectacular. El lugar era muy diferente al esperado; las calles, anteriormente limpias y pobladas de gente, estaban llenas de arena blanca. Xel Mred Daül, el Canarconte liberado por la compañía de su prisión de cristal, se alejó volando hasta perderse en la eterna bóveda celeste.

- vaya, no me esperaba esto. - dijo Amedio con tono irónico mientras miraba el paisaje a la sombra de la salida.

El calor era sofocante y las ráfagas de aire caliente se introducían en los pulmones como agua hirviendo. Las construcciones, todas y cada una de ellas de sólida piedra blanca, estaban adornadas con ricas pinturas que milagrosamente se conservaban intactas de las inclemencias del tiempo.

- esta gente conocía bien la piedra. Está tan pulida como un espejo; - comentó Ulrich - no obstante mi cometido era recuperar el reino de mis antepasados, y lo he hecho.

- yo no estaría tan seguro, maese enano, - dijo Haindall mientras se ajustaba el cinto - si no me crees, vuelve por donde hemos venido.

- ¡ pues claro que iré, y me traeré a los míos ! - Ulrich se adentró malhumorado.

- bueno, sería interesante saber donde estamos. - Niedelassar enfundó la espada mientras salía a lo que en otro tiempo debió ser una plaza. En lo alto del edificio estaba el símbolo de Moradin, dios enano. Sin duda era la entrada de un templo por el cual, de alguna manera, salieron de Brümoth.

Ulrich regresó con el grupo. La cara lo decía todo:

- breczok melak, - dijo el enano - maldita sea, ¿ recordáis las escaleras por las cuales subimos ? Pues bien, ¡ ya no existen !¿ alguien me lo puede explicar ?

- no tengo una respuesta Ulrich, pero las minas de Kar Parak tiene una ubicación física, - dijo Haindall - si no me equivoco está situada al Oeste del lago Gork, y el paisaje es diferente a este.

Ulrich no dijo nada, ya que le gustara o no, el hechicero tenía razón. El lugar donde se hallaban no tenía nada que ver con las montañas rocosas ni las verdes planicies del reino enano de Kar Parak.

Cuando estuvieron preparados para la marcha Ivelios alertó al grupo:

- huelo algo... diferente, pero familiar. Alguien esta guisando cerca de aquí.

Efectivamente, el olor se hizo más intenso a medida que el grupo se aproximaba al Sur. Pasados unos minutos, en los cuales el olor era tan claro que hacía rugir las tripas de la compañía, llegaron a un oasis azul protegido por los muros que antaño debieron pertenecer a alguna casa señorial, ahora en ruinas, sin techo ni puerta de entrada, a excepción de un arco de piedra partido por arriba donde tendría que estar el techo. Al otro lado de un pequeño lago había instaladas unas tiendas muy grandes. Cuando la compañía llegó hasta ellas descubrieron al autor del exquisito plato culinario. Estaba de cuclillas absorto en sus quehaceres hasta que se encontró con el grupo. De aspecto informal, muy diferente créanme al esperado, el medio orco vestía con ropas holgadas de oscuros colores azulados, descubriendo los poderosos brazos y una cabeza con un pelo oscuro y trenzas adornadas con curiosos amuletos. El cocinero miró a los recién llegados, al principio con recelo, mas ese sentimiento paso a amistoso cuando comprobó que los ojos de la compañía iban dirigidos a la olla repleta de comida.

- buenas tardes, si gustan hay comida para todos. - dijo Jonhy Me´labo, medio orco y cocinero aficionado; tenía un aspecto muy peculiar, pero no se engañen sus mercedes, no muy lejos de él, oculto a la vista, durmiendo a la sombra de una palmera, Jonhy guardaba un arma de dos puños que esgrimía con soltura - Bueno, siempre y cuando mi anfitrión no tenga inconveniente a invitares al ágape.

Del interior de la tienda más cercana salió un hombre de mediana edad, vestido con ropas blancas y con un fagín rojo atado a la cintura. Muy amablemente acogió a la compañía, mandando traer agua para lavarse, comida, bebida y ''ropas adecuadas'' para el viaje por el desierto:

- bienvenidos viajeros, mi nombre es Brudal Malil. Somos una familia de comerciantes de Anr y nos dirigimos hacia Tudo para comercial con sedas y joyas… tal vez vosotros encontréis algo interesante en la ciudad del fin del mundo.- Brudal Malil hablaba mientras servían la comida. El dato de las ciudades llamó la atención del grupo.

- disculpadnos, pero la verdad es que no sabemos donde estamos y, por increíble que parezca, no somos de estas tierras ya que hemos escapado de un lugar terrible, para salir por el templo de Moradin. - Niedelassar habló ante Brudal Malil y Jonhy. La sorpresa estaba dibujada en el rostro de ambos. Pasados unos minutos Jonhy habló:

- No sabéis donde estáis… interesante, de todos modos os lo diré; estáis en las tierras de Muslan que en lenguaje nativo significa: tormenta de fuego. Como podéis ver nos rodean millas de desierto arenoso, aunque os puedo asegurar que en él existen los parajes más hermosos del mundo y en el momento que os acostumbréis a sus ondulantes dunas, no querréis marchar a otro lugar. - Jonhy parecía emocionarse, sus ojos lo decía. La inmensidad del desierto, el ondulante dibujo de las dunas esculpidas por un viento impredecible y salvaje, y la noche estrellada con la intensidad de las noches heladas.

- ¿ Qué es este lugar ? - preguntó Haindall mirando alrededor.

- Ah… esta es la ciudad de Altaru que en nuestro idioma natal significa el prospero, - contestó Brudal Malil - pero como podéis ver la ciudad en la que estamos ahora está a merced del tiempo y de la herrumbre; por eso los viajeros y nómadas de la región llaman a esta ciudad Karou que significa el desolado ó desolación. Yo, como ahora, cuando estoy de viaje paro aquí y bebo de su oasis aún fértil, también hago ofrendas a Fharlanghn por los que murieron aquí.

- ¿ quien es Fharlanghn ? - interrogó Ivelios sin poder contener se curiosidad.

- Fharlanghn es el dios de los caminos y los viajes, - contestó Niedelassar - suele ser adorado por mercaderes y aventureros.

- ¿ como sucumbió la ciudad? Tal vez alguna plaga. - preguntó Ulrich mientras se acomodaba en los cojines de tela buena.

- ah, es una historia terrible. - Brudal Malil se dispuso a narrar. - Hace veinte años, esta ciudad era muy prospera y todos los viajeros que venían del Norte y del Este no dudaban en demorar su viaje unos días y visitar Altaru, mas cuando los habitantes creían que nada malo podía suceder, comenzó a caer una tormenta, pero no de agua, ¡¡¡ sino de fuego !!! De entre las nubes apareció una enorme dragona verde seguida de su séquito de dragones y cabalga-bestias. La muerte se adueñó del lugar y desde ese día nadie a osado volver a levantar la ciudad…  se decía que uno de los cabalga-bestias, un demonio rojo de cruel aspecto se adueñó del templo dedicado al dios Moradin y lo mancilló con su funesta presencia. En muchos lugares se cuentan que terribles quejidos de dolor salían del interior del templo; mas no se podía entrar… el terror en forma de una masa negra y azul impedía el paso y los más valientes, los únicos que reunían el suficiente valor como para entrar, eran engullidos por esta infernal masa oscura… para no volver a salir.

El grupo empalideció. Les era muy reciente lo vivido y matar a un cabalga-bestias como Dregom Zalax y la cría de Zermarlinn, no era un tema para tomar a la ligera. Finalmente Lía Naïlo rompió el silencio:

- ¿ Se sabe el motivo del ataque ?

- Sólo rumores, pero se cuenta que una semana antes del terrible ataque, un objeto de extraña procedencia llegó a manos del visir del lugar. Un mercader, que ya era viejo cuando yo sólo era un niño, me dijo que vio ese objeto… parecía un gran espejo de pie, rodeado por un marco de plata con múltiples runas; en el lado derecho recuerda haber visto una especie de adorno extraño… un pequeño demonio con una copa en la mano.

Amedio, Haindall y Niedelassar intercambiaron una mirada llena de incredulidad y sorpresa. Ese objeto lo habían visto y no hacía demasiado. Era el espejo que tenía en su poder el duque Ikaross en su fortaleza de Catnoss, responsable de su llegada a las minas de Brümoht antiguo reino de Kar Parak. Estaban tan seguros que apostarían su vida.

Terminadas las reflexiones, el grupo decidió escoltar al mercader y su familia a Tudo, y allí decidir que camino seguir, ya que la ciudad disponía de puerto, aunque no sabían exactamente que dirección tomar. Brudal Malil presentó a toda su familia:

- permitidme presentar a mi esposa: Mirae Malil; mis dos hijos: Malfaleck Malil y Solkret Malil; y mis tres hijas: Semsan Malil, Minerva Malil y Solenma Malil.

Terminaron de comer y beber hasta saciarse, tomando de postre un extraño licor dulce muy gustoso y relajante. Cuando todos se disponían a dormir pasó algo que Timefroster no olvidaría. Todo ocurrió en la primera guardia. Amedio se retiró a descansar después de recibir el relevo de Ivelios, pero no llego a dormir... por lo menos solo. Una de las sirvientas de nombre Selina Selmak esperaba a Timefroster en su tienda; salieron a contemplar las estrellas en el imperecedero velo de la noche y allí yacieron los dos hasta el amanecer, compartiendo algo más que palabras.

Jun 27 de Morn del 454 P.A

Un viaje peligroso

El viaje no era largo, unas sesenta millas en dirección Sudoeste, pero en cambio estaba lleno de peligros. Brudal Malil tenía contratados a diez guardias para evitar posibles saqueos de bandidos aunque, con la ayuda de la compañía, el mercader se sentía más protegido. El recorrido fue bien hasta que se encontraron con un enemigo de pesadilla, pagando la montura de Ulrich con su vida. La bestia, emergiendo de la arena como un ser monstruoso del interior del infierno, partió en dos al pony de guerra del enano con unas poderosas mandíbulas parecidas a las usadas por los insectos, despidiendo a Ulrich por los aires debido al terrible impacto del enemigo. Antes de que pudieran reaccionar, la bestia se introdujo de nuevo dentro de tierra con su trofeo entre las fauces. El enano estaba fuera de si a causa de la impotencia y el dolor por la perdida de un inseparable compañero.

- seguid vosotros, yo me quedo aquí... un rato. - dijo el enano desenfundado el hacha y ajustándose el yelmo a la aguerrida cabeza.

El viaje continuó con dos ataques más por parte de las extrañas criaturas, llevándose por delante a dos camellos y casi la vida de los guardias que, de no se por la rapidez de la compañía y de los cuidados curativos de Niedelassar, hubieran caído en las peligrosas arenas del desierto de Muslan.

Al mediodía llegaron a la ciudad portuaria de Tudo; un lugar bullicioso y a rebosar de tiendas de todo tipo de objetos extraños y exóticos. Brudal Malil invitó al grupo a cenar en su casa, situada al extremo Noreste de la urbe, cerca de los anchos muro de adobe prensado; pero antes había cosas que hacer y despedidas que llorar. Lía Naïlo, Kualmel Dagot y Tara Makronis marcharon en un barco rumbo al Este, a las islas orientales de Kamohu. El resto vendieron parte del botín conseguido, comprando equipo nuevo, cosa que hacía falta, y alojarse en una pequeña pero limpia posada llamada La luna roja. Durante la hora de la comida rieron y bebieron; la alegría de seguir con vida y la experiencia de lo vivido hacía flotar a nuestros héroes:

- no me puedo creer que estemos fuera de a mazmorra - dijo Timefroster mientras miraba de reojo a la puerta - ¿ donde se habrá metido este enano ?

- y ahora ¿ que haremos ? Continuamos camino hacia Kitur, volvemos a Arh... ¿ o que ? - . preguntó Niedelassar a los presentes.

- yo quiero ajustar cuentas con Ikaross, y saber porque lo hizo, - dijo Haindall Earthcry - no creo que nos mandara a esa prisión atempolar sin tener un motivo.

- bueno, yo no se de que va esto, pero contad conmigo, - dijo Ivelios- además estoy en deuda con vosotros.

- yo soy un trotamundos, sin dirección ni ataduras de ningún tipo; podéis contad conmigo también, - Jonhy Me´labo se había ganado la amistad de la compañía y ahora comía y reía con ellos - de todos modos quiero ver otros lugares.

- vaya, esto si que es una sorpresa. - una voz, femenina y familiar para el antiguo grupo, surgió del extremo sur de la posada - No creía que os volviera a ver, y menos aquí.

Miskara, la elfa pícara superviviente junto a Amedio y Niedelassar de la torre de kram, contemplaba a la compañía desde cierta distancia con gesto de sorpresa. Finalmente se acercó a la mesa donde comía el grupo y se abrazó al explorador y la elfa clériga. Según Miskara, había encontrado trabajo de guardaespaldas de un consejero del rey de Tudo y viajado con su séquito durante el último mes por todo Muslan, dato que contrastaba con el moreno de su piel bronceada.

Un alboroto fuera de la posada despertó la curiosidad del grupo hasta el punto de salir del local. Cual fue la sorpresa cuando vieron al enano entrar en la ciudad rodeado de curiosos. Ulrich arrastraba a una gran bestia blanca, parecido a un ciempiés gigante cruzado con una langosta del mismo tamaño. El surco del monstruo se perdía en la lejanía; Ulrich  Sclaffen había eliminado al asesino de su montura y arrastrado su cadáver unas treinta millas por el sofocante desierto. Cuando llegó a la altura de los demás saludó y cayó sin fuerzas al suelo.

Reencuentro

El sol se ocultaba en el horizonte. La compañía se presentó en la casa del mercader Brudal Malil para la cena con todos sus miembros excepto Miskara que rehusó la invitación alegando asuntos importantes en la ciudad. Toda la familia de Brudal asistió con sus mejores galas y hubo comida y bebida. Ulrich, con el rostro marcado por el combate y las inclemencias del sol, narró el enfrentamiento con el asesino de su montura; el hijo del mercader, de nombre Malfaleck Malil, un joven despierto y de ojos vivos y azules como el cielo despejado, explicó que el animal responsable de la muerte del pony era un ankheg; criaturas que se valen de su sexto sentido para detectar a sus presas en la superficie,  aun estando bajo tierra.

- si quieres, te puedo presentar a un herrero capaz de convertir el duro caparazón del ankheg en un escudo bastante competente, - dijo Malfaleck mientras se servía una generosa ración de cordero caramelizado - de todos modos es muy tarde; mañana será otro día.

La cena continuó entre la bebida y la buena compañía; las hijas de Brudal se retiraron a descansar y los demás se reunieron entorno un fuego para hablar. El grupo contó su historia desde que fueron hechos prisioneros en la torre de kram, incluyendo su visita a las minas de Brümoht, antiguo reino enano de Kar Parak.

- habéis recorrido mucho en poco tiempo, eso es admirable, - dijo Brudal mientras encendía una pipa de tabaco verde - pero creo que vuestra llegada es un mal presagio.

- no es culpa de ellos padre, seguro que ese tal Ikaross quería eliminarles de la faz de la tierra. Lo extraño es porque tanto teatro - contestó Malfaleck, hijo de Brudal.

- no me refería a esa cuestión, hijo mío, pero han liquidado a la cría del dragón más temido, al menos en estas regiones. Creo que será una carga dificil de arrastrar para todos vosotros, amigos míos, a la larga quedaréis vosotros o ella.

El grupo quedó en silencio. Las palabras del mercader hicieron meditar sobre lo vivido recientemente, y la verdad no sabían que hacer. En poco tiempo habían hecho poderosos enemigos, sin contar con la distancia que les separaba de Kitur, único lugar donde gozaban de algo de hospitalidad. Brudal Malil extendió un mapa de la región de Bremisia con todas las ciudades importantes: Muslan, Tena, Tudo, Anr y Vael. El territorio delimitaba al Oeste con el mar de Sassil o mar de plata y por el Este con las montañas escarpadas orientales o también conocidas como las Kanaâ.

- estamos en Tudo y vosotros aparecisteis en la antigua ciudad de Altaru. - Brudal Malil señalaba los lugares anteriormente indicados; más tarde extrajo un pergamino  de grandes dimensiones y lo colocó sobre la mesa - Éste es el mapa más extenso y detallado conocido. En él están todas las tierras exploradas.

El mapa era detallado, con ríos y montañas, dibujados sobre un  pergamino gastado, pero entero. La tierra conocida se llamada Nevahi Saïel Tord, en honor a las tres únicas palabras conservadas del lenguaje antiguo Ar. El mundo está rodeado de tres grandes océanos: el Místico, al Norte; el Jarlikiano, al Sudeste y el Sarkv, al Sudoeste. Como dato curioso, el sello de Kitur estaba dibujado en el extremo inferior izquierda; según el mercader, compró el pergamino a un extranjero del Norte por una buena cifra; al parecer dicho forastero adquirió el mapa en la biblioteca de Kitur.

- bien, nosotros estamos al Sur de Catnoss... a unas ochocientas millas de aquí.- comentó el padre de la familia Malil.- ¿ hacia donde queréis ir ?

- no lo sabemos, por ahora el único lugar que conocemos es Kitur.- dijo Amedio observando el mapa.- pero tenemos que decidirlo.

Se hizo el silencio en la estancia. Cada uno de ellos tenían intereses propios, pero lo que sin lugar a dudas les unía era la amistad adquirida en los viajes y aventuras recorridas. De todos modos, tarde o temprano, tenían que ajustar cuentas con Ikaross, y averiguar que objetivos perseguía el duque con eliminarlos.

Un grito procedente de la planta superior alertó a la compañía y a los asistentes a la reunión. Rápidamente corrieron para ver que había ocurrido, siguiendo de cerca a Brudal Malil e hijos. Cuando llegaron vieron a dos guardias degollados en el suelo del pasillo; la puerta de la estancia de hija mayor de Brudal estaba entreabierta. Al acceder a la estancia de Solenma Malil la compañía vio a otro guardia, éste con dos virotes clavados en el torso, muerto en el medio de la habitación. Sobre su pecho ensangrentado había una nota que el padre de Solenma se apresuró a leer con gesto desencajado. Cuando terminó se la extendió a su hijo mayor, el cual, después de leerla, grito de rabia e impotencia. Brudal Malil miró al grupo y dijo:

- piden un rescate, mi hija ha sido secuestrada.

Virotes envenenados

Verno 30 de Morn del 454 P.A

Había pasado tres días desde el secuestro de la hija del mercader Brudal Malil. La compañía estaba ultimando los preparativos de rescate. Los secuestradores pedían un botín de mil piezas de platino, cantidad desmesurada hasta para un mercader, pero gracias a los contactos de Brudal, y de pedir prestamos a terratenientes y amigos, pudo conseguir el dinero. El intercambio se haría fuera de Tudo, a unas cinco millas al norte de la ciudad. Pero lo que no sabían los secuestradores, al menos eso creía la compañía, es que el grupo se preparaba para el rescate. Gracias a las investigaciones de Amedio, pudieron dar con un exdirigente de la banda que, con unos severos correctivos de puños y palabras amables, dieron con el lugar donde tenían secuestrada a la hija del mercader. El contacto, de nombre Zosmer, accedió muy amablemente a quedarse ''custodiado'' en la casa de Brudal bajo pena de acero si tenía la estupida idea de huir. Ulrich se hizo con un escudo de paves del caparazón de ankheg el cual, de un color plata muy pulida, tuvo que huntar de un fango negro para no delatar su posición. Jonhy, el semi orco, también se ofreció para ayudar en el rescate.

La noche era estrellada, con luna creciente lo suficientemente grande para poder ver en la penumbra,  la luz lunar proyectaba extrañas sombras en las esquinas y portales. La calle estaba desierta y la casa en cuestión estaba al otro lado de un edificio en ruinas. Amedio avanzó despacio, al igual que los demás se había quitado la armadura para moverse con más soltura y sigilo, a excepción de Ulrich que prefirió quedarse a una distancia prudencial cerca de la puerta Norte, con armadura de placas nueva a la espera de cualquier contratiempo; Niedelassar seguía de cerca al explorador, con el arco tensado y cargado con un flecha de punta recubierta con la misma sustancia oscura que cubría el escudo del enano. La elfa se apostó en una buena posición de tiro, en la primera planta del edificio medio derrumbado, cubriendo la puerta Sur; extrajo con sumo cuidado las flechas del carcaj, colocandolas una por una a distancia de brazo, y esperó. Ivelios y Jonhy avanzaron agachados hasta situarse a un lado de la casa, cerca de una de las ventanas que miraban al Oeste; Amedio, que había vuelto del lado de la sacerdotisa de Corellon Larethian, se situó al lado de Haindall al Este de la casa. Todo estaba dispuesto para el asalto y la verdad es que fue terrible. No sabría contar todo lo acaecido, pero la vida de Solenma Malil pendió de un hilo. Antes de que Amedio diera la orden de entrar, alguien alertó con un grito desde las sombras. Como si se tratara de un malevolo plan, de la oscuridad surgieron malechores envueltos en negros tejidos, pero con puñales y espadas cortas afiladas, brillantes a la luz de la luna. Ulrich recibió una cruel herida entre los homoplatos que contestó con un golpe de hacha en el higado del desdichado asaltante, rematándolo con el filo del escudo cuando estaba en el suelo; Niedelassar disparaba contra cualquier objetivo que no fuera aliado, teniendo que esquivar virotes lanzados desde las azoteas contiguas a la casa; Haindall, tensando todos los músculos del cuerpo, lanzó un poderoso conjuro de fuego destinado a las terrazas donde se efectuaba los ataques a distancia, el impacto fue tal que varios de los asaltantes salieron volando y aterrizando en el duro suelo, aunque el hechicero tuvo que encajar un dagazo en pleno corazón  que por fortuna paró el esternon; Amedio mantenía a raya a dos experimentados enemigos entre estocadas y virotes silvando sobre el exporador, uno de ellos impactó en el muslo derecho quebrando el hueso, mas al final Timefroster consiguió derribar a los dos con mucha dificultad; Jonhy esgrimió el montante perforando el pecho a un enemigo situado dentro de la casa, atravesando la ventana y parte de la pared de madera de su lado; Ivelios, aprovechando el hueco hecho, se coló dentro de la estancia, a diez pies donde se hayaba Solenma Malil con el rostro marcado por los golpes y con el pelo ensangrentado. La presencia del guerrero no pasó desapercibida, un enemigo de piel oscura y con dorados pendientes, se abalanzó contra Ivelios, mientras otro se acercó a la prisionera esgrimiendo un gran machete de cazador; sin pensarlo, el guerrero lanzó su espada larga con fuerza contra el malhechor que se dirigía a Solenma, empalándolo en la pared a la altura del abdomen. Ivelios logró frenarlo, pero al perder su arma no pudo esquivar la estocada que se alojó en su higado. Lo último que recordó Ivelios fue ver a Jonhy atravesando la ventana, con los ojos injectados en sangre y expulsando espuma por la boca, saltando sobre su rival con el montante en una mano diestra y con la otra agarrando a un enemigo por el pescuezo.

El combate terminó, por suerte con victoria de la compañía. Niedelassar curó la herida mortal de Ivelios aunque tuvo que guardar descanso durante dos días por la gravedad de la herida. La hija de Brudal Malil, Solenma, fue puesta a salvo; la hospitalidad del mercader fue ejemplar, poniendo a disposición de la compañía los mejores artículos... a un buen precio, claro.

- gracias a vosotros hemos evitado una tragedia.- dijo Brudal Malil en la cena despedida del grupo.- lástima que tengáis que marchar.

Y así era; la aventura vivida fue positiva, pero dejaba a todos una sensación incomoda. Algo les decía que en el asalto a la casa, y en la posterior emboscada, había algo que no encajaba; algo extrañamente familiar en el combate, como si una presencia semi invisible estuviera suspendido en el aire y, para desgracia del grupo, esa presencia estaba contra ellos.

Sapix 1 de VAKÔ del 454 P.A

Al día siguiente todos, con la nueva incorporación de Jonhy Me´labo, partieron dirección Norte, rumbo  Kitur. Aunque el trayecto era más largo que ir en barco, decidieron por mayoría ir con carro, proporcionado por Brudal Malil como regalo de despedida, atravesando las montañas Kanaâ y poniendo rumbo Este pasando por los bosques Kunib Fimil. Todos se hicieron con buenos materiales, armaduras nuevas y objetos especiales: Niedelassar se hizo con una espada elfica con grabados arcanos que segun su vendedor, confirmado por el análisis mágico de Haindall, la hacía más mortifera, equilibrada y afilada; Ulrich se hizo con una hacha de batalla de las mismas caracteristicas que la elfa, al igual que Ivelios y Jonhy con sus respectivas armas; Haindall se hizo con una túnica nueva y con una capa que potegía de los daños elementales; Amedio Timefroster descubrió algo sorprendente en el rescate de Solenma Malil. La espada corta conseguida en Brümoth tenía personalidad propia y además era inteligente; el explorador descubrió su poder en la minas enanas, aunque jamás desveló su poder a nadie de la compañía en ese momento. Dicha espada albergaba la presencia de un antiguo luchador, pero lo que no sabía Amedio es que ese guerrero fue en una época temido y admirado. Un secreto que tal vez fuera mejor no ser descubierto.

Fin del quinto capítulo

 

 

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