Camino a ArhZarak 19 de Morn del 454 P.A Habían pasado dos semanas desde el enfrentamiento de la hidra y el hombre lagarto y las cosas volvían a la normalidad en Kitur. La mayoría de la compañía partió a tierras lejanas; algunos por fama y poder, otros simplemente por aventura, pero Niedelassar, Haindall y Amedio se quedaron en la ciudad de la gran biblioteca. Tal vez decidieron retirarse una temporada, a pensar sobre sus respectivos futuros, o quien sabe. Todo permanecía en calma, las tranquilas gentes de Kitur habían limpiado las calles y vuelto al trabajo. El comercio se volvió a abrir y los estudiantes de la universidad aferraban sus libros dirección a las auras. Fue un diecinueve del mes de Morn cuando llegaron noticias de reino de Arh. La compañía desconocía del territorio y sus gentes, pero la misiva iba dirigida a los tres héroes: Distinguidos señores: No es fácil viajar por las calles de Mhel y no oír en boca de mercaderes y feriantes la historia de los paladines de Kitur. Para mí es un orgullo y privilegio escribir estas cuatro líneas, en las cuales deposito toda mi confianza y rezo para que vuestras mercedes viajen hasta mi fortaleza para proponer un peligroso, pero valioso viaje a tierras misteriosas. Espero de buen grado que nos ayudaréis en tan arduas tareas y logréis triunfar donde otros, sin tanta habilidad y experiencia, han fracasado. Un saludo Duque Ikaross Que motivó a la compañía a viajar casi doscientas millas al norte, no lo sé, pero la aventura, la curiosidad o ambas cosas a la vez, hizo viajar a los tres héroes al reino de Arh, a la fortaleza de Catnoss en la ciudad humana de Mhel. - será un viaje interesante - dijo Haindall mientras apuraba el plato de gachas. El grupo se reunía con frecuencia en la Posada el ojo del contemplador para comer. Pero aquel día, además de hablar de los temas cotidianos, debatían sobre el equipo, provisiones para el viaje y medio de transporte. Después de aclarar los pormenores, tuvieron audiencia con Pëndes, que dio su bendición y les deseo un buen viaje. El trayecto llevaría cinco días a caballo, siempre y cuando no tuvieran imprevistos por el camino, que por suerte no hubieron. La ciudad de Mhel Sapix 24 de Morn del 454 P.A Es extraño encontrar murallas como estas en todo el continente. El material, parecido al adobe, pero con la fuerza de la piedra era de color rojo como la sangre. El río Sarkam pasaba entre los puentes levadizos de ambas orillas, separada por sus correspondientes bastiones amurallados. Tras la puerta de doble hoja de acero negro se escondía una bulliciosa ciudad atareada a cada paso que nuestros héroes daban. Cientos de obreros trabajaban reforzando los muros exteriores y ampliando recintos donde iban torres de vigía. No les fue difícil localizar la fortaleza, a dos millas en lo alto de una montaña. Era impresionante. Las altas torres sobresalían el triple de los muros edificados hacía decenios, alcanzando los sesenta pies de altura. El grupo fue presentado al Duque Ikaross después de ver el impresionante ejército maniobrando en el patio de armas. - por fin nos conocemos, tenía muchas ganas.- Ikaross, el poderoso señor de Arh, impresionaba tanto o más que las edificaciones de la ciudad roja. Para ser humano era extremadamente alto, se podía ver aun estando sentado. Los poderosos hombros sostenían ropas elegantes de terciopelo negro con bordados blancos y dorados.- empezaba a dudar de vuestra llegada... me alegro de equivocarme. Ikaross los observaba desde su escritorio. Una fría y calculadora mirada de unos ojos azules como el mar que medían palmo a palmo el terreno diplomático, sin decir mucho ni sin decir poco. - Creo que nos has llamado para algo ¿no?- tengo que aclarar a vuestras mercedes que hay insultos e insultos, como por ejemplo decir de tú a un señor feudal. Haindall se quedó quieto, desafiante ante la pavorosa presencia de Ikaross, pero lo más sorprendente fue la reacción del duque. El rostro del poderoso señor de Arh no se inmutó; como una estatua de mármol cárnica contemplaba a los héroes en silencio. Tras unos minutos interminables dijo: - disculpad mi lentitud... Eso dice mucho de vos... y de vuestra estirpe. La contestación pilló por sorpresa al hechicero que arrugó el ceño de tal manera que sus ojos parecían pequeñas chispas de fuego azul. Antes de que la situación fuera a más, Amedio intervino: - debéis disculpadnos a nosotros. El viaje ha sido duro y lleno de peligros. ¿En que podemos ayudar? Niedelassar no apartaba la vista del duque. Algo lo mantenía en alerta y una extraña incomodidad se apoderó de su alma, alertándola de que algo en ese hombre no era de fiar. Pero ¿quien lo era? Llevaban tiempo negociando con gente con cierto poder; gente que consiguieron sus objetivos, sí, pero ¿De que manera? ¿A que precio? De repente una carcajada surgió de la boca de Ikaross: - no tenéis que disculpalos. Haré atraer comida, bebida y os explicaré porque estáis aquí. Tal como dijo el duque, los criados trajeron comida y bebida en abundancia, de la cual poco probaron la compañía. Seguidamente el señor de Arh extendió un mapa de una zona desconocida para los invitados: - este es el reino de Bremisia, debéis llevar unos objetos por mí-. Ikaross explicó los lugares y objetos que debían entregar: - llegareis a la ciudad de Ödrak y contactareis con Hernes Lobdiuk, un buen amigo, éste os entregará tres objetos: una piedra rúnica, que deberéis depositarla ante Brodkar el señor de Tol Daros; un broche sencillo, que será entregado a la dama druida de los bosques Manlemel; y por último, depositareis el guantelete de oro en la ciudad de Manesky, gobernada por el bárbaro Kurufai. - perdón por mi ignorancia, pero siendo tan valiosos ¿por qué no lo lleva algún escudero fiel que vos tengáis o vos mismo?-. Niedelassar pregunto con firmeza; no sabía porque, pero la desconfianza se adueñaba de ella. - veréis... últimamente las cosas no van bien por las fronteras de Arh. No puedo desatender mis obligaciones, aunque ya me gustaría a mí-. Ikaross contestó con franqueza o eso pensó la compañía. Era sabido de los problemas que atravesaba la tierra de Arh. Los saqueos a las caravanas eran frecuentes y se extendía el rumor que en el norte, en la zona donde se encontraban, un poder misterioso y antiguo renacía. - ¿cual será la recompensa y a que peligros nos enfrentamos?-. preguntó Amedio mientras escudriñaba el mapa de la zona en cuestión. - no soy el más indicado para alertaros de los peligros, ya que no los conozco, pero tenéis a Hernes Lobdiuk; como ya dije es un viejo amigo que os proporcionará todo lo referente a la misión y a los peligros de la misma. La compañía quedó en silencio. Tal vez porque una extraña sensación incomoda se asentó entre los tres héroes. No obstante tampoco tenían porqué desconfiar del duque ni de la misión en si. Tras una incomoda pausa el duque Ikaross continuó: - ya saben que los caminos son asaltados por bandidos y desertores, sobretodo en esta difícil época, y un grupo reducido es más atractivo que una caravana protegida con mercenarios... No obstante podéis contratar a cualquiera que se preste a ayudar, con la única condición de no desvelar la naturaleza de la misión ¿aceptáis? Sapix 25 de Morn del 454 P.A Los héroes estaban preparados. Durmieron en una de las muchas habitaciones del castillo de Catnoss. Aunque no descansaron bien, se sentían con renovadas fuerzas y con ganas de empezar la misión. Después de asearse y desayunar, se presentaron ante Ikaross: - espero que halláis descansado antes de llevaros al puerto de Ödrak. - ¿llevarnos? ¿Vos nos acompañareis?-. Amedio reaccionó al instante ante la sorprendente noticia. - no mi buen amigo, pero puedo ahorraros un largo viaje de varios meses de travesía por barco, eso siempre y cuando no haya imprevistos en alta mar. La compañía sabía de sobra a que ''imprevistos'' se refería el duque. Las historias de seres abisales de las profundidades de los océanos habían alimentado la tinta de poetas e historiadores; algunas falsas otras no tan ciertas, sin contar con la piratería que no dejaba títere con cabeza en un teatro sólo feudo para marineros duros y experimentados. - bien, y como lo haréis - pregunto Niedelassar. - seguidme y lo veréis. Los cuatro llegaron a una amplia estancia repleta de altas estanterías llenas de libros. Un laboratorio completo de alquimia arrancó un murmullo de admiración del grupo. Un gran cilindro metálico, justo al lado derecho de la mesa del laboratorio, parecía albergar algo en su interior. La imagen de una criatura de dimensiones enormes apareció en la mente imaginativa de la compañía. Pero lo que sin lugar a dudas impacto a los héroes fue un espejo. El reflejo era nítido, casi etéreo; un marco de acero negro adornada con runas de caracteres desconocidos por el grupo, aunque sin duda alguna lo que sobrecogía eran la figura tres gárgolas: una en jefe en la parte superior y las otras dos a cada lado, las cuales portaban unas copas que mostraban a la gárgola superior en forma de ofrenda. El duque Ikaross se ausentó unos minutos tras un biombo, para después salir con una túnica ricamente adornada con runas bordadas en oro. Del cinto extrajo una daga de oro con empuñadura de marfil blanco y extendiendo el brazo se provoco un corte del cual manó sangre al instante. El ''liquido de la vida'' susurro el duque mientras lo derramaba sobre las copas de las gárgolas. Cuando hubo terminado enfundo la daga en el cinto tapándose la herida con la mano diestra para después dejar de sangrar sin la menor señal de corte o cicatriz. De los labios del Duque surgieron unas palabras en lenguaje arcano produciéndose un resplandor en el espejo; brillo que cedió lentamente y que dio como resultado una cosa asombrosa: el espejo, antes sólido e inamovible, parecía ahora un charco de líquido transparente. Ikaross se giro hacia la compañía: - bien, ya está, este portal os llevará a vuestro destino. Amedio miró a los demás y después de un profundo suspiro atravesó el portal seguido de cerca de Niedelassar y Haindall. Un destino inesperado Oscuridad, desconcierto, pavor. ¿donde estaban? La llamada de Niedelassar fue rápidamente contestada por Amedio, pero ¿y Haindall? ¿donde estaba? - por todos los dioses -. Haindall Earthcry estaba aturdido y desorientado. El recuerdo de una pesadilla de espiral azul le mantenía alejado de la realidad. No tardó en incorporarse del arenoso suelo en el que se encontraba a oscuras y avanzar hasta una pequeña luz distante. Para su sorpresa el foco de luz no era de fuego sino una luz azulada tipo aguamarina que irradiaban unos champiñones de tamaño considerable. Haindall sacó la lanza y perforó uno, quedando la punta iluminada como el mismo brillo. - al menos no tendré que preocuparme por la luz - dijo el hechicero mientras avanzaba en pos de una salida. ± La luz se hizo. De los labios de la clérigo de Corellon Larethian surgió el cántico divino que hizo posible el milagro en forma de esfera luminosa. - mucho mejor así - admitió Amedio mientras se agachaba para poder examinar posibles huellas en un suelo empedrado de una antigüedad considerable. El lugar donde estaban era muy diferente del esperado, pero por suerte todo su equipo estaba con ellos. - ¿donde estará Haindall? - dijo Niedelassar,- tendremos que buscarlo. - si, pero de todos modos seamos prudentes. No sabemos que peligros esconde estas paredes... estemos donde estemos. La sala era circular con paredes abruptas cavadas en piedra. Un pasillo situado al Este daba a un corredor el cual desembocaba a otra estancia mucho más grande, pero de características idénticas al anterior. Una puerta de madera, en buen estado, permanecía cerrada al Sur de la gran sala. - no hay huellas, o al menos eso creo -. Amedio continuaba rastreando el terreno sin mucho éxito. Niedelassar buscaba en techo y paredes a la espera de algo, un indicio de vida o de salida de allí. Fue entonces cuando lo oyeron. Tras la puerta algo o alguien estaba al otro lado. ± Strujem berjerem bajem - el comentario del enano no obtuvo respuesta. Ulrich Sclaffen parecía decepcionado y feliz a la vez de pisar la tierra que un día perteneció a su clan ''los Sclaffen". Aunque no muy dado a amistades, Ulrich había ganado el derecho y la sagrada misión de reconquistar las minas enanas arrebatadas hace mucho tiempo por clanes enemigos: orcos, trasgos y, sobretodo, una temible dragona verde, cuyo nombre era impronunciable por el terror que infringía por su poder, se había autoproclamado señora de Kar Parak. La entrada se cerró tras de si. Una comitiva de sabios le habían acompañado, a él y a su fiel pony de guerra, a la entrada Oeste, la única con llave mágica sólo conocida por los supervivientes del clan. - volvemos a estar solos mi buen amigo. Como siempre -. la voz de Ulrich fue desapareciendo mientras desenfundaba el hacha de guerra. El pasillo estaba levemente iluminado por Karfug, una seta luminosa de nauseabundo sabor, pero muy útil para ver en la oscuridad, claro que para los ojos de un enano esa tenue luz era más que suficiente para apreciar los más mínimos detalles que para otras razas pasarían desapercibidas. Al final del corredor la luz se hizo más intensa. Una pequeña habitación cerrada y con una puerta al Este de la misma albergaba la curiosa estatua de una mujer humana. A los pies de ésta, cientos de Karfug iluminaban el rostro sereno de la mujer humana. Unas palabras, talladas perfectamente en lengua enana, rezaban así: '' Yamya, amiga de los enanos'' Ulrich conocía bien la historia de Yamya, la humana. En una época pasada, la enfermedad azotó las minas de Kar Parak. Yamya, una sacerdote de Boccob ayudó a los enanos buscando una cura junto a tres compañeros más: Ermel, el clarividente; xorja, la guerrera de los Lars y Kealtrissen EarthCry, el hechicero. Ulrich limpió la estatua, retiró moho y restos del paso del tiempo. Rezó ante la marmórea imagen y reemprendió el viaje dirección la puerta Este con su fiel pony. Justo antes de abrir, Ulrich tuvo la extraña sensación de que algo o alguien lo esperaba al otro lado de la puerta. ± El túnel parecía interminable. No hacía falta ser minero, enano o arquitecto para saber que Haindall descendía por un corredor de inclinación más que peligrosa en algunos tramos. Tras unos interminables minutos, el hechicero llegó a una cueva natural. Las estalagmitas formaban imágenes espectrales a la luz de la lanza. Después de recorrer unos cien pies, Haindall llegó a un corredor natural que se dividía en tres direcciones. El hechicero sacó una tiza de su equipo y marcó el camino a tomar, en este caso el túnel de la izquierda. El pasillo era estrecho y de techo bajo, lo que obligó a Haindall a caminar agachado durante el recorrido de unos veinte pies aproximadamente. Cuando llegó al final agradeció fervientemente portal la lanza con luz; un barranco se abría ante el, partiendo el camino en dos, a unos seis pies de distancia. - bueno, no es tanta distancia - se dijo el hechicero para si mismo. Cogiendo impulso superó el trecho sin problemas, pero lo que puedo asegurar es que Earthcry no esperaba nada de lo que me dispongo a narrar. Cuando puso los pies en el otro lado pudo ver que no era el único huésped de una pequeña sala de diez por diez pies con tres humanoides de aspecto extraño. Al alzar la luminosa lanza pudo observar con horror los cuerpos putrefactos de tres no muertos... los terribles Zombies. Haindall no subestimaba a tales seres, criaturas que en un tiempo fueron humanos, pero ahora esclavos de una perversa voluntad mágica. Todo hechicero sabe de la magia necromántica necesaria para levantar a los no muertos, pero tales artes son mal vistas por la gente, e incluso entre los mismos hechiceros. - Los no muertos no son invocados al azar .- Haindall tenía razón y no tardó en cerciorarse de dos cofre de madera al extremo de la estancia, los muertos los custodiaban. - Igualmente prefiero seguir con vida y no pertenecer a estos condenados - Earthcry se dispuso a marchar cuando uno de estos seres se percató de la presencia del vivo y, con una velocidad igual o mejor que la de Haindall, se abalanzo sobre él mostrando los pútridos dientes dispuestos a arrancar carne y tendón del hueso del hechicero. Con un rápido movimiento de sus manos invoco la magia que fluía por su sangre y lanzó una bocanada de fuego a través de sus manos. La forma que adoptó con los miembros superiores aparentaba la boca de un dragón y los dedos, dispuestos en forma curva, parecían colmillos dispuestos a destrozar al enemigo. Dos de los Zombies cayeron fulminados por el fuego mortal, prendiendo también los cofres de madera mas el tercero, aun con suficientes músculos y articulaciones en sus pútridos huesos, atacó a Handaill, retrocediendo éste peligrosamente hasta el oscuro precipicio. Faltó poco, gracias a sus reflejos logró agarrarse al saliente de piedra, pero al alzar la vista pudo ver que a pocos pies el no muerto lo esperaba, con una risa macabra en su rostro desgarrado y quemado. ± Las suaves plumas de cisne acariciaban levemente el rostro de Niedelassar al tensar la flecha sobre el arco, mientras apuntaba a la puerta. Amedio desenfundó el hacha a dos manos, colocándose al lado de la puerta, junto al pomo. - ¿que dirección tomamos?- dijo Niedelassar desde el umbral de la puerta. Amedio observó el terreno pulido, aunque abandonado y lleno de polvo, no pudo describir unas extrañas huellas o marcas en el suelo que iban de un lado a otro del pasillo. - no lo sé... marcaremos el camino para no perdernos. Tomaron el pasillo rumbo Oeste hasta llegar a una curva de 90º hacia el sur, la cual marcaron con tiza en el margen superior de dicha curva. Continuaron por el corredor parándose en ciertos puntos sospechosos sin encontrar nada extraño. Después de sesenta pies, el corredor volvió a gira 90º dirección Oeste mostrando un largo pasillo que se perdía en la oscuridad. El corredor era bastante ancho, de unos treinta pies, llena de desperdicios y runa. Una puerta situada al sur llamó la atención de Amedio hasta el punto de para e investigar en su interior. Los resultados fueron decisivos, aunque no aportaron nada material, Amedio y Niedelassar, supieron mucho del lugar donde estaban. La gran sala en la que se encontraban podía albergar a todos los habitantes de Kitur, incluidos pertenencias y animales de carga. Más de cincuenta pares de columnas parecían sostener el techo del mundo a una altura de trescientos pies. La gran sala tenía una amplitud considerable, aunque la profundidad era vertiginosa. Mientras caminaban Amedio contaba mentalmente los pasos; grandes mesas eran apiladas a ambos extremos describiendo un cuadro viejo, casi venerable. Cuando llegaron al final una oleada de sentimientos inundó a nuestros exploradores. - mil quinientos pasos exactos... ¡no puede ser!-. Amedio Timefroster estaba desconcertado. - creo que nos han engañado amigo-. dijo la elfa mientras miraba el sorprendente hallazgo. Frente los presentes, un trono de piedra vacío, elevado sobre columnas de piedra talladas en forma de grifos, mostraba un gran adorno: un escudo de roble con una jarra de cerveza enanil grabada en el centro y un pony con las patas delanteras en posición desafiante y traseras asentadas fuertemente al suelo, crin al viento y una inscripción en lengua común: Reino Enano de Kar Parak ± La necesidad hace al hombre fuerte, pero el espíritu de supervivencia lo hace imparable. Mientras Haindall recobraba el aliento, no daba crédito a lo ocurrido. Justo antes de que el zombie se abalanzase hacia el hechicero, éste dándose impulso con los pies había llegado al otro extremo aferrándose con las uñas en forma de zarpa a la dura piedra, pero lo sobrenatural fue la bocanada de fuego que surgió del hechicero y que desintegró por completo al no muerto. Si se hubiera despertado en una cama, sobresaltado por el sudor y la rápida respiración lo atribuiría a una pesadilla; pero no, no estaba soñando. El sudor que empapaba su túnica y recorría su rostro hasta caer al frío suelo era real. Más sorprendente fue los cuatro surcos hechos por los dedos en el pétrido suelo; algo fuera de lo normal. Haindall Earthcry se incorporó lentamente volviendo por la gruta hasta llegar al cruce de túneles. La estructura de la cavidad se ensanchó considerablemente hasta los veinte pies. Haindall caminaba más rápido debido al buen estado del terreno; no sabía porque, pero tenía una extraña sensación como de añoranza, de algo antiguo y abandonado. Sabía por libros de historia, en el que era muy aficionado, de muchos reinos subterráneos que en otros tiempos fueron grandes y esplendorosos, pero olvidados por sus descendientes o perdidos por luchas entre casas y linajes reales. Una punzada de curiosidad le hizo preguntarse: ¿y si realmente estaba en uno de esos reinos olvidados? ± Ulrich montó sobre su pony. El camino se hizo amplio tras la puerta, lo suficiente para cabalgar sin temor de tropezar o resbalar. La mayoría de galerías y estancias estaban derrumbadas y las que no, poco le faltaba. Si que era cierto que el clan Sclaffen, a diferencia que los otros clanes, no eran buenos mineros; considerados de sangre diferente debido a su especialidad en combate con monturas, desconocían muchos de los secretos de la piedra o de la forja. Sin embargo los Sclaffen vivían en reinos subterráneos habilitados para la caballería, tanto ponys, lobos o grifos. Después de unos minutos interminables, Ulrich llegó al final del corredor. Una nueva sala, de dimensiones enormes, albergaba lo que en un tiempo fueron una cuadras. El recinto disponía de rampas de acceso a niveles superiores, la mayoría destrozadas por el paso del tiempo. Una puerta entreabierta daba paso a un largo pasillo de cuatrocientos pies de largo por el cual Ulrich atravesó sin dificultad. El final del corredor giraba dirección sur por un corredor oscuro y gélido como el corazón de un Linch: - mejor continuar a pie, mi buen amigo-. Dijo Ulrich mientras desmontaba de su montura, avanzando en silencio en la oscuridad. ± La emboscada cogió por sorpresa a Amedio y Niedelassar. A la salida, una comitiva de Trasgos les esperaban con ballestas ligeras y saetas dispuestas para arrebatarles la vida. A la primera lluvia de proyectiles, los cuales rozaron milagrosamente sin impactar, forzaron a los héroes a buscar cobertura tras la puerta de doble hoja. No tardaron en responder con flechas; Amedio quedó sorprendido de la pericia de la elfa con el arco, aun siendo explorador y experto en cazar en cualquier clima, Niedelassar poseía un don típico de su pueblo elfo. La clérigo de Corellon Larethian se asomaba lo mínimo para visualizar al enemigo y derribarlo con una precisión maestra. - espera - dijo Amedio frenando la mortal punta a un palmo del trasgo, - nos puede ser de utilidad. - no creo que quieras cocinarlo,- dijo Haindall sin poder reprimir una mueca de asco. - no, no creo que haga falta... Tú, como te llamas.- preguntó Timefroster encarándose al pequeño trasgo. La respuesta no fue inmediata, pero después de sopesar la situación el trasgo se dio por vencido: - mi nombre ez Kurufik. - bien, bien Kurufik. ¿ sabes como salir de este lugar ?.- la pregunta de Amedio tenía un matiz amenazante, captado al instante por el jefe trasgo. - conozco un camino... Pero zer peligroso y malo. - no nos importa, muéstranoslos, pero te lo advierto, si escapas nosotros no te daremos caza, sino ella-. La alusión a Niedelassar convenció de inmediato al trasgo ya que había visto en acción a la elfa y a sus mortales flechas. Después de recoger lo poco de valor de los cadáveres continuaron pasillo hacia el Oeste encontrándose la puerta de hierro. Kurufik sacó una llave de hierro e introduciéndola en la cerradura, se abrió dejando ver una pequeña estancia con puerta orientada al norte. En las paredes había muchos documentos, entre ellos relatos del reino enano. Después de escudriñar la sala y llevarse varios libros de los últimos días del reino, continuaron camino Norte, siempre con Kurufik delante de la formación. ± Ulrich cabalgaba por un pasillo que sin duda debía unir todos los pasadizos del reino. Después de haber caminado entre ruinas y grutas derrumbadas, Ulrich volvió a montar a su fiel montura. El pasillo se estrechaba considerablemente hasta los quince pies, lo suficiente para cabalgar sin peligro a una emboscada. Ulrich se detuvo en un cruce sin saber que camino tomar, después de unos minutos Ulrich se percató de algo. Un ser de pocos pies de alto estaba en pie a unos setenta pies de su posición; parecía mantener una conversación con algo o alguien, aunque no sabía el que. Sin pensarlo, Ulrich, uno de los pocos Sclaffen cargó con su montura, escudo en guardia y hacha dispuesta para el combate. En las entrañas de la oscuridad Entre todos los relatos hay algo que no se narra con precisión, por falta de memoria u olvido. Pero en este caso se sabe, o mejor dicho, se recuerda lo que ocurrió. Por fortuna el desenlace fue feliz, aunque por poco. Niedelassar caminaba despacio al compás siempre prudente de Amedio que escudriñaba cualquier indicio enemigo en su camino. Tras ellos Ulrich cabalgaba con gesto triunfante, con la cabeza de Kurufik colgada de la silla de montar. Haindall caminaba a su lado, mirándolo con cara de pocos amigos, por no decir que su entrada en el grupo había sido peliaguda. - gracias por liberarnos, - dijo Ivelios mientras le quitaban los grilletes - no creía que saldríamos con vida de aquí. Todos, por turnos, narraron su llegada y posterior encarcelamiento. Los prisioneros estaban bien, aunque algo desnutridos, problema que solucionaron con bebida y comida. Tras equipar a los nuevos aliados con algunas de las armas confiscadas a los grandes trasgos, continuaron camino por el Oeste, el único camino disponible, encontrando unas escaleras que accedían a un nivel superior. - llevamos poco tiempo aquí, pero tengo ganas ya de salir -. comentó Haindall sin poder evitar su descontento. - ¡ ja ! - rió Ulrich mientras desmontaba del pony para poder subir por las escaleras,- los elfos estáis acostumbrados a los lugares abiertos, pero los enanos nos movemos bien por estos entornos... se que ahora, el reino de mi clan, no es un lugar agradable, pero ha llegado el día de que la inmundicia sea barrida de Kar Parak. Las escaleras daban a un corredor mal iluminado y peor ventilado. El hedor a carne corrupta era asfixiante, hasta el punto que el grupo tuvo que taparse la boca y los orificios nasales con la capa o en su defecto, con lo primero que tuvieran a mano. No obstante, el corredor estaba iluminado con antorchas, lo que delataba la presencia de alguien, amigo o enemigo, en el nivel. El pasillo se bifurcaba en dos rutas: una al Oeste, una puerta la cual no pudieron acceder por no disponer de llave y al grueso de la madera remachada de hierro que hacía fracasar cualquier intento de echarla abajo; y al Norte, un nuevo corredor. Éste, a unos diez pies, se volvía a bifurcar a derecha e izquierda mostrando tres puerta, todas orientadas al norte. La compañía se decidió por la central; una puerta de madera gruesa de doble hoja entreabierta que dejaba ver una amplia estancia, antaño adornada con ricos tapices y mobiliario recio, mas ahora astillado y polvoriento. - ¿que sitio es este?-. Preguntó Amedio. - parece un puesto de guardia. Mis antepasados utilizaban salas como esta para reunirse y debatir-. Ulrich oteaba la estancia en busca de algo conocido. Entraron con precaución, situándose a los lados de cada pared. Al fondo había una puerta idéntica a la entrada, con la diferencia de que estaba cerrada. Lía Naïlo se hizo con una alfombra en buen estado; cuando le preguntaron se limitó a contestar:''siempre viene bien'' Amedio detectó un ruido procedente de la pared Este. Lía arrimó la oreja a la pared, haciendo un gesto de silencio al resto del grupo que se apartó de la misma. - hay alguien al otro lado.- dijo en tono casi apagado Lía Naïlo.- son unos cinco y no son humanos. Un incomodo sentimiento recorrió al grupo. La pequeña compañía se encontraba en un lugar desconocido, sin conocer el camino de salida, si es que la había. Decidieron situarse: Ulrich y Amedio se situaron en jefe, seguidos de Niedelassar e Ivelios, cerrando la compañía Haindall, Hümder y Lía. Pasaron por la puerta Norte, tras ella vieron un pasillo igual que el anterior, pero éste situaba las puertas al Sur más una nueva, y todo hay que decir forrada en acero pesado, que descansaba en el final del recorrido Oeste. - está cerrada-. dijo Amedio mientras empujaba si éxito. - pues a la antigua...-. Ulrich esgrimió el hacha de batalla a dos manos, descargando un poderoso hachazo, el cual no hizo mucho en la sólida puerta. Después de varios intentos se unió Amedio con la gran hacha, y fue entones cuando empezó todo. El ruido atrajo a los actuales inquilinos, una banda de seis grandes trasgos portando espadas curvas y fuertes escudos de paves, defensas formidables contra ataques a distancia, ofreciendo una cobertura casi total. Tracker, el lobo, notó el hedor de los asaltantes a sesenta pies de la posición del grupo, alertando a la compañía con un feroz gruñido mientras se encaraba con los agresores con las patas separadas y mostrando la ristras de colmillos, Lía Naïlo dejó caer la alfombra mas cuando quiso sacar el arco tuvo una idea. De una patada lanzó la alfombra dirección a los grandes trasgos, desenrollándose la pesada tela aunque no del todo, lo suficiente para hacer tropezar a la primera línea enemiga, cayendo todos los demás. El éxito se debió a la rápida intervención de Naïlo y a los escudos enemigos, los cuales facilitaron el resto; en verdad, los primeros trasgos vieron la alfombra, pero no los otros, que empujaron a los primeros tropezando con la improvisada trampa, seguidos del resto. A partir de aquí fue todo más fácil; Haindall se lanzó contra el enemigo con lanza y daga, sin dar cuartel; Tracker atacó a la yugular de un gran trasgo, dejándolo seco; Niedelassar se encargó de de la última fila de caídos, éstos se incorporaron el tiempo preciso para que las flechas de la elfa encontraran un punto vital; Lía y Hümder se unió al grupo, terminando con los agresores. Pasados unos minutos, los cuales bastaron para saquear los cuerpos, encontrar la llave de la puerta de hierro forrada y guardar las armas enemigas envueltas dentro de la valiosa alfombra. - este clima se asemeja a los bosques tropicales-. dijo Niedelassar mientras cargaba una flecha en el arco. - que, ¿hechas de menos tu hogar? -. preguntó Haindall Earthcry en tono amable y burlón. - si... pero no a los enemigos que se alojan en él -. Niedelassar dio con el enigma. Tras pasar por la pequeña estancia, la compañía descubrió un gran salón de aproximadamente ochenta pies de ancho por ciento cincuenta de largo. En el medio, un pequeño montículo de piedra verde, brillante como el jade, se elevaba sobre un pequeño charco de algo parecido al agua, pero del mismo color que la piedra que se alzaba casi tocando al techo, a unos treinta pies del suelo. La sorpresa fue mayúscula cuando el grupo vio en la punta del montículo a un ser. El calor de la sala no era suficiente para calentar la sangre de más de uno de nuestros héroes, ya que ante ellos se hallaba un dragón verde. Un colmillo y garra - esto es nuevo... y creo que me divertiré-. El dragón verde habló en idioma común, demasiado perfecto para ser verdad. El ataque fue de imprevisto, rápido y cruel; con las fauces abiertas dio un mordisco mortal a Hümder, el cual cayó fulminado al suelo, el rostro lleno de incredulidad, con el cuello prácticamente arrancado de los hombros. Ulrich y Amedio tuvieron más suerte, pero las garras dejaron huella en la piel de nuestros héroes. La respuesta no se hizo esperar; Niedelassar invocó los poderes de Corellon Larethian en forma de conjuro para dar valor, muy necesario, a la compañía; Amedio y Ulrich descargaron el acero en el dragón, incrustándose los mortales filos en la dura piel del animal; Lía Naïlo sacó el arco intentando perforar la piel escamosa al igual que Ivelios que se unió esgrimiendo la espada curva, produciendo grandes daños al enemigo. Sin duda el dragón verde subestimó a sus enemigos creyéndolos a la altura de los trasgos que almorzaba, pero no era así, se podía ver en sus rasgados ojos. El combate fue terrible, los golpes no cesaban: filo, flecha, conjuro, colmillo y garra hasta que el dragón cayó fulminado por la flecha rauda de Lía, derribándolo cuando el animal intentaba coger vuelo, desplomándose entre el montículo de jade para caer al final en las verdes aguas. El grupo se dejó caer en el musgoso suelo con la respiración entrecortada, la batalla había sido cruel y agotadora, ni siquiera tomaron precauciones si alguien venía por el camino de entrada o por la puerta, hasta ahora pasada por alto, situada al Sur. Poco a poco, descansados y con los cuidados curativos de Niedelassar, pudieron incorporarse e inspeccionar la sala. Sus penas fueron a menos cuando descubrieron el tesoro almacenado tras la puerta Sur. La compañía jamás vio tal cantidad de monedas reunidas allí, además de una espada larga de buen acero que requirió Ivelios con la aprobación de la mayoría; un anillo con raras inscripciones que se quedó Haindall; un arco largo compuesto de buena calidad que recogió Niedelassar; otro arco largo compuesto reforzado para Amedio; un hueso hueco para pipa que recogió Lía y una corona de electro con incrustaciones de aguamarina que cogió Ulrich, alegando ser la corona de los Sclaffens. Otros objetos fueron recogidos: ropas de buena tela, dagas de electro, etc. Pero el principal problema fue transportar el dinero; en piezas de oro se sumaban más de mil, sin contar tantas de plata y cobre. En el suelo había varios tomos, de entre ellos: El Bastón de Cadeima y La mano de Marnoth. Al grupo no le quedó más que retroceder y continuar por el pasillo Sur, aunque extremaron las precauciones, sobretodo después de lo ocurrido. El pasillo era oscuro, ninguna luz en todo su trayecto. Gracias a Lía pudieron descubrir el porqué. La poca visibilidad dificultaba la visión, sobretodo el suelo hecho de piedra negra; Lía detectó una falsa baldosa, una trampa de caída al inicio del corredor. Tal era la distancia que Ivelios dejó caer una antorcha encendida, desapareciendo en la oscuridad. Aunque lo más inquietante era el hedor y los ruidos que se escuchaban en la profunda oscuridad. El grupo dejó atrás el corredor llegando a un pequeño habitáculo de poco más de cinco por cinco pies. En el suelo, esculpido en piedra, había un símbolo, dos hachas cruzadas y sobre ellas una corona. - es el símbolo de Kar Parak -. dijo Ulrich con la voz entrecortada. Un pasillo, al Oeste del pequeño habitáculo, bien iluminado, daba a otra estancia con una escalera de caracol que ascendía en el centro de la habitación. El grupo se dispuso a continuar, cuando Lía Naïlo detuvo a la comitiva. - esperad, dejad que me adelante. Si hay algún peligro os avisaré-. dijo Lía en voz baja. Poco a poco, Lía se arrimó a la pared Norte, se fijó bien la daga y el arco, y se echó la capucha negra sobre la cabeza, tapándose la boca con parte de la capa. Mágicamente Lía Naïlo se fundió con las sombras, cualquier persona que no supiera que estaba allí no le podría ver. Caminaba despacio sin hacer ningún ruido hasta desaparecer del corredor. No tardó el resto de la compañía en entrar cuando escucharon un grito desgarrador proveniente de la estancia por donde había entrado Lía. Una oscuridad desalentadora - pero, ¿como puede ser?.- Timefroster miraba a su alrededor perplejo ante el panorama gargantuesco.- yo creía que saldríamos de esta ratonera. Ulrich miró de reojo al explorador con gesto de disgusto, pero llevaba razón. La compañía se encontraba en medio de la oscuridad. Las antorchas recogidas en los pasillos y el conjuro de luz de Niedelassar, que comenzaba a disminuir de intensidad, iluminaban en una oscuridad absoluta; ningún ruido, salvo el chasquido de la madera de la antorcha en el lento quemar. Pero la inquietud del grupo aumentó al observar el color del techo, a unos trescientos o cuatrocientos pies de altura. Lía, utilizando algún tipo de magia, se elevó hasta alcanzar el punto más alto; una extraña sustancia azul oscura, como el agua aunque más densa y viscosa, frenaba el paso a cualquier intento físico de atravesarla. Lía recogió una muestra y bajó con el resto del grupo. - bien, por arriba no hay salida ¿ por donde entonces ? - dijo Lía Naïlo mientras guardaba la muestra del fluido en un tarro de cristal. - lo que está claro es que los trasgos no están aquí por nada.- dijo Niedelassar mientras oteaba la oscuridad en busca de enemigos. - cierto... y son reales-. dijo Ulrich mientras secaba el hacha de la sangre de los hombres lagartos. - por suerte para nosotros. - dijo Amedio mientras rastreaba cualquier indicio de pisadas en el terreno - Este terreno rocoso es traidor, pero creo que he encontrado algo. La compañía seguía al explorador de cerca mientras tanteaba el terreno con la ayuda de Lía e Ivelios. Pasados unos minutos pararon para discutir sobre un nuevo rastro; según éstos, unas huellas parecían seguir la misma pista que la compañía. - ¿ Serán más enemigos ? -. comentó Ivelios. - lo dudo mucho, un enemigo no lleva calzado metálico, tal vez glebas.- respondió Lía. No obstante la compañía decidió continuar el rastro, además no tenían ninguna pista mejor, y no tardaron en darse cuenta de su acierto. Pasado un montículo de piedra, el grupo vio un foco de luz a unos ciento cincuenta pies de su posición. Las luces se movían sin ton ni son, pero fue el ruido del acero al chocar lo que alertó al grupo. Al acercarse, a menos de cien pies, observaron a un grupo de humanoides, supuestamente trasgos que tenían perros de caza, junto con dos seres de tamaño considerable, rodeando a un humano que se defendía de los ataques de los canes. - gracias ,- dijo el desconocido guerrero con la voz entrecortada por la lucha.- soy Kualmel Dagot, paladín de la orden de Heironeous y estoy en deuda con vuestras mercedes. Mientras descansaban del combate, Kualmel Dagot les explicó su repentina entrada en las minas por la maldición de un poderoso nigromante. El humano informó que no era el único que fue teleportado; una maga, compañera de aventuras, también se vio envuelta en el conjuro, pero fue hecha prisionera por un grupo de grandes trasgos y llevada a un campamento. - ayudadme a rescatarla. Tara Makronis es fuerte, pero no se cuanto tiempo durará con vida-. El humano parecía profundamente afectado, cosa que ayudó al grupo a decidirse a rescatar a la maga. Tras el considerable botín conseguido en los cuerpos enemigos, empezaron la búsqueda. Kualmel avisó de una formación montañosa muy elevada , pero de fácil acceso. Timefoster y su nuevo amigo Tracker subieron hasta lo más alto; cuando llegaron a la cima vieron en la oscuridad múltiples focos de luz, aparentemente por la formación parecían campamentos bien pertrechados que se perdían en la eterna oscuridad. - esto va a ser difícil.- dijo el explorador mientras acariciaba el lomo de Tracker.- necesitamos ayuda. Gracias a un pañuelo de la maga que Kualmel tenía sospechosamente custodiado en la manga de la cota de mallas, pudieron rastrear el olor partiendo de la zona donde fue hecha prisionera, a pocos pies donde se libró el cruel combate. Pasadas unas horas, en las cuales tuvieron que esquivar numerosas patrullas, dieron con el lugar. El campamento estaba al descubierto, sin foso ni empalizada, con tres grandes carros a forma de casas con lonas que unían entre si. Una gran hoguera iluminaba todo el asentamiento dejando ver a los guardias apostados. Después de una larga discusión se decidió la estrategia a seguir: tres grupos formarían el ataque, pero sólo uno de ellos trazaría el rescate; el grupo, formado por Kualmel, Lía Naïlo e Ivelios buscarían en las tiendas; el segundo grupo, formado por Amedio y Haindall, atacarían por el Oeste; mientras el tercer grupo, formado por Ulrich y Niedelassar, atacarían por el Este. A la sombra de la oscuridad - Sen meneg nae,- gritaba enfurecida en elfico Niedelassar con el rostro lleno de sangre enemiga tras derribar al enemigo.- ¿ya han salido? En el mismo momento que la elfa pronunció estas palabras, en la tienda central aparecieron Kualmel, Lía e Ivelios con Tara Makronis. La lucha se intensificó hasta que sólo se diferenciaban entre amigos, enemigos y acero. Ivelios y Lía se unieron a la lucha mientras el paladín ponía a salvo a Tara, para después desenfundar el arma y al grito de Heironeous enrolarse en la melee. El enemigo se retiró, para regocijo del grupo que se sentó para recobrar aliento. Aunque el descanso fue efímero, ya que tuvieron que partir de inmediato con los refuerzos enemigos que se aproximaban pisándoles los talones. Pasadas unas interminables horas de fuga, en las cuales los cuernos y tambores no cesaron de sonar, la compañía se agrupó para debatir a donde debían ir. - hay un lugar al Oeste... - comentó Tara Makronis - cuando llegamos vimos en la pared un gran monumento. Un gigante armado con un mandoble apoyado en la tierra y acorazado en una armadura negra como la noche. Al acercarnos, la voz dijo: " no sois dignos de abandonar Brümoth sin el Aro de la Armonía " - tal vez se refiera al aro que conseguimos del dragón verde-. dijo Ivelios. Tara Makronis palideció de golpe. - ¿no habréis matado a la cría de Zermarlinn? .- la voz de la maga tembló cuando vio el extraño aro de oro que llevaba colgada del cuello Niedelassar. El grupo explicó su entrada a las minas, al igual que el rescate de Ivelios, Lía, Hümder y Tracker, y el funesto desenlace con el combate del dragón verde y la muerte de Hümder. - ¿no crees que hemos derrotado a esa Zermarlinn? dijo Ulrich. - no quiero ofendeos señor enano, pero la dragona de jade es una criatura antigua de más de tres mil años. Su tamaño es descomunal, de un golpe podría aplastar una ciudad-. La maga habló sin titubear mas sus ojos delataban un profundo temor al gran reptil. - ...la dragona de jade... Zermarlinn...- creo recordar su historia, pero se decía que era leyenda-. dijo Haindall. - vamos, que estamos acabados-. contestó Ivelios mientras apoyaba la espalda en el negro montículo. - aun no esta todo perdido, debemos alcanzar la zona que vistes, Tara. ¿sabrías llegar?-. preguntó Niedelassar. - si, supongo que podré-. dijo la maga mientras dirigió una mirada a Kualmel, el cual devolvió con una sonrisa. - vamos. El guardián de roca El camino fue peligroso, pero gracias a la pericia de Timefroster y el olfato de Tracker, no hubo ni encuentros ni combates innecesarios. Pasadas cuatro horas interminables, caminando en la oscuridad entre rocas y desolación, la compañía llegó al muro Este de Brümoth. Una inmensa figura sobresalía de la negra roca, al principio de color negro, mas a medida que el grupo se acercaba, se podía apreciar un leve matiz verdoso claro, más visible en las zonas talladas, entre los huecos de lo que parecía una gran armadura completa. Su brazo izquierdo reposaba sobre la rodilla izquierda; la diestra esgrimía un gran espadón, apoyado entre la pierna derecha y la pared. Cuando la compañía se acercó hasta los cincuenta pies de la estatua, una voz, procedente del coloso, retumbó en la oscuridad en un lenguaje extraño, como si las vocales fueran emitidas por cientos de cavernas, produciendo chasquidos de piedras al terminar la frase. - ¿en que idioma habla? Si es que a eso se le puede llamar idioma-. dijo Ivelios - es Terrano-. dijo Tara Makronis. - ¿Terrano?-. preguntó Ivelios - es el idioma del elemento tierra, usado desde el principio de los tiempos-. aclaró Earthcry. - y que dice-. preguntó Ulrich. - "Quien de la caverna de Brümoth quiera escapar, el Aro de la Armonía deberá portar, mas una pregunta tendrá que contestar".- tradujo la maga. Al tiempo que el coloso hablaba en el lenguaje Terrano, Tara Makronis traducía al grupo el acertijo: Invisible ante los ojos de los mortales es, Toca sin arañar, susurra sin hablar, Alegre melodía al despertar Significa que gracias a él vivo tú estas - El aire-. dijo Lía Naïlo. Para asombro de la compañía el titán de piedra levantó la espada, dejando ver una grieta de veinte pies de alto por seis de ancho. Todos pasaron dejando al solitario gigante que hundió la espada en la sólida roca, tapando la obertura a las minas. Dentro del mal La compañía entró, cauta, con armas y antorchas a mano dispuestas para cualquier contratiempo. Una cálida sala circular de piedra, de cien pies de diámetro, con grandes columnas talladas en oro y mármol, empequeñecía a nuestros héroes. A los extremos Este, Sur y Norte tres puertas dobles, que representan los elementos del fuego, la tierra y el aire, estaban cerradas. Una mesa de hierro llena de extrañas runas, gobernaba en la mitad de la estancia. - ¿ que pone ?¿ alguien sabe leerlo ?-. preguntó Amedio mientras acariciaba el lomo de Tracker, visiblemente nervioso tras cruzar el umbral. - es lenguaje Abisal.- dijo Haindall acercarse a la sólida mesa.- es el lenguaje de los seres abisales. Los demonios. Toda la compañía miró al hechicero, el cual recitaba palabras inaudibles mientras seguía las runas con los dedos. La frase reza así: ''La mesa de la cerradura soy, en ella como llave el Aro de la Armonía depositad sin miedo a la verdad'' Dicho esto, Niedelassar extrajo el dorado amuleto. Como si de una fuerza mágica se tratase, el Aro de la Armonía saltó de las manos de la clérigo de Corellon Larethian para aterrizar sobre la mesa. Tan pronto como los metales chocaron, el aro comenzó a girar sobre su propio eje. Del mismo surgieron unos ruidos que poco a poco tomaron sentido, pudiendo ser entendidos por todos los asistentes: ''De las puertas que veis una deberéis elegir: tierra, fuego o aire. - bueno, veamos que pasa-. dijo Lía alargando el brazo derecho hasta tocar con la palma enguantada en la puerta Sur. El dibujo en relieve de un ser musculoso hecho de aire en la parte superior y de cintura para abajo en forma de tornado, esculpido en relieve, comenzó a moverse de una manera irreal, como si estuviera encerrado en otra dimensión. Con una velocidad sobrehumana, el extraño ser agarró el brazo de Lía y dijo: ¿Qué cosa no ha sido La pregunta cogió por sorpresa al grupo; tras unos segundos de silencio interminables Lía dijo: - el tiempo. - ¡ fallaste ! La respuesta correcta es El día de mañana.- dijo el ser mientras apretaba con más fuerza a Lía Naïlo.- debes pagar. Para horror del grupo, el elemental de aire tiraba de Lía hacia la puerta. Timefroster, esgrimiendo su hacha a dos manos, golpeó el brazo del monstruo seccionándole el miembro que tenía sujeto a nuestra héroe. Como si se tratara de una pesadilla, el enemigo se materializo en la sala con un rugido ensordecedor; la estancia parecía que fuera engullida por un huracán. El combate empezó, los golpes del elemental eran invisibles, apareciendo una fracción de segundo en forma de cuchilla de viento para desparecer en el remolino que tenía atrapado a la compañía. Los golpes eran poco eficaces contra el etéreo enemigo, pero los conjuros de Tara y Haindall, que luchaban espalda contra espalda, debilitaban al elemental. Éste, empequeñeciendo a medida que los proyectiles flamígeros y de energía menguaban su resistencia, acabó desapareciendo evaporado por un cono de fuego combinado entre los dos poderes arcanos. - ¡ diablos ! ¿ por qué nuestras armas no le dañaban ? -. maldijo Ulrich mientras examinaba los restos del enemigo, pequeños fragmentos de cristales color plata. - si le dañabais, pero no lo suficiente... es extraño ya que estas criaturas no poseen resistencias a las armas físicas-. dijo Haindall. - y que se puede hacer si nuestras armas son poco útiles-. Preguntó Ivelios. - las armas mágicas, - contestó Tara - sólo las armas hechizadas pueden infringir el daño. - si, creo haber escuchado que ciertas armas tienen poder e incluso personalidad propia.- comentó Niedelassar mientras curaba a Amedio de las heridas de la batalla. - bueno, por suerte podemos contar con vuestro poder. - dijo Lía aun doliéndose del agarrón - Mirad, la puerta está abierta. La puerta estaba hueca, justo en la zona donde estaba esculpido el elemental de aire. Una estancia muy amplia, de ricos adornos y tapices de calidad sorprendentes, poseía dos puertas a derecha e izquierda. La compañías se adentró con cautela; a la izquierda había una curiosa estancia llena de lo que a simple vista parecía ofrendas a alguien o algo. Una estatua de piedra roja, con extrañas inscripciones en la base, representaba un humanoide. Éste, con los brazos en las rodillas y las punzantes garras mirando al cielo, sostenía un botín compuesto por monedas de oro, una espada corta y pociones. - ¿que es lo que pone?-. Preguntó Kualmel. Haindall se acercó a la estatua mientras Tara inspeccionaba los objetos con la ayuda de Niedelassar que se encargó de las pociones. - el idioma es Dracónico.- contestó el hechicero-. y dice: A vuestra puerta un esclavo llamó Dregom Zalax Tara Makronis determinó que la espada corta poseía aura mágica de poder superior, al igual que las pociones que Niedelassar, para la alegría de la compañía, reveló la naturaleza curativa de éstas, repartiendo a cada uno de los miembros del grupo una poción. El botín ascendió a más de dos mil piezas de oro, según los cálculos de Lía e Ivelios. Amedio cogió la espada corta con la aprobación del grupo. - estas pociones os servirán si no llego a tiempo para curaros.- dijo la elfa.- si os hieren bebéoslas y os sanaran. La compañía decidió por mayoría continuar por el camino del Este, dejando atrás las dos primeras puertas: la de los elementos del fuego y la tierra. Un pasillo muy largo se extendía hasta donde alcanzaba la vista. - esto no me gusta-. dijo Lía Naïlo. - no hay otro camino, debemos continuar, pero con precaución-. contestó Niedelassar con el arco largo en la mano. La compañía tomó posiciones: Lía y Amedio fueron delante seguidos de Tara, la maga y Kualmel, el paladín; tras ellos Haindall, Niedelassar y cubriendo la retaguardia Ulrich con Ivelios. - tengo que abrirla y analizarla, no tardaré mucho, espero.- cuando la elfa abrió la tapa ocurrió un hecho sorprendente. De la botella, entre humo, surgió un ser alado con armadura semi completa, sólo los brazos estaban desprotegido mas descubría unos miembros fuertes y bien proporcionados a su tamaño, unos siete pies de alto. Ante el asombro del grupo, aquel ser esgrimía una espada bastarda de puño y medio, portando un escudo grande de acero con runas celestiales. El ser, con una voz masculina, dijo: - me habéis salvado, gracias. En todo lo que os pueda ayudar lo haré a costa de mi propia vida. Hacia el centro de Kar Parak El destino puede ser imprevisible, y encontrar aliados en lugares extraños y llenos de peligros lo hace más difícil. El grupo continuó camino, y la verdad no fue fácil. Varias trampas situadas en el suelo fueron detectadas a tiempo por Lía antes de alguien pudiera caer al vacío. - creo que aquí no quieren visitas. - comentó Haindall dirigiéndose a Ulrich - No me extraña que perteneciera a tu raza guerrero. - escucha muchacho insolente, los enanos somos más sociables de lo que la gente cree - dijo Ulrich sin disimular su enfado - y si supieras más de nuestro pueblo sabrías que donde estamos ahora no lo ha hecho ningún enano. Después de un largo pasillo, el camino torció al norte, llegando a una sala con cuatro puertas. Una mesa de piedra blanca descansaba sobre un dibujo de la rosa de los vientos. En los extremos de las puntas, talladas en el mármol de la estancia curiosamente apuntando a cada una a cada puerta, estaban los cuatro puntos cardinales. Niedelassar extrajo el aro de oro y lo deposito sobre la mesa. Como había ocurrido anteriormente, el Aro de la Armonía habló: El destino me aguarda allá donde voy a morir, Para volver a salir el ciclo siguiente donde nací Si sabéis quien soy y a donde me dirijo El aro dejó de girar sobre su eje, cayendo en la mesa. Después de recoger el objeto, el grupo miró la sala; cuatro puertas, una por cada punto cardinal. - creo que deberíamos ir por el Este, donde nace el sol.- dijo Amedio mientras acariciaba el lomo de Tracker.- tenemos que estar de acuerdo todos, no sabemos que nos espera si fallamos. - yo también iría por el Este.- dijo Niedelassar.- en mi tierra veíamos al sol ocultarse en las montañas, para verlo salir por el Oeste al día siguiente. Todos estuvieron de acuerdo en seguir los consejos de Amedio y Niedelassar. Cuando estuvieron preparados, la compañía se aventuró hacia la puerta Este, abriéndose de par en par. Unas escaleras talladas en piedra daban acceso a una planta superior. Tal vez una salida. El templo mancillado El espectáculo fue horrible. Cientos, incluso miles de huesos tirados en el suelo hasta donde alcanzaba la vista. La compañía llegó a una gran sala de noventa pies de ancha cuyo final no alcanzaba la vista. El techo era muy alto, de algo más de cien pies; a los lados, unas columnas de mármol estaban adornadas con cadenas y grilletes, algunos de ellos con restos cadavéricos. Sin duda alguna los difuntos pertenecían a la raza enana. Ulrich Sclaffen caminaba tenso, con el hacha en mano y la rabia contenida del dantesco paisaje. Pasados unos minutos, recorridos doscientos pies, el grupo se encontró frente una estatua de un ser diabólico que empuñaba una lanza negra. Dicho monumento alcanzaba los veinte pies, en la base, en idioma abisal, rezaba una frase: Dregom Zalax, soberano del mancillado templo de Moradin - oye, me escuchas, espero que si. Bueno, las presentaciones para después, pero es conveniente que mires para arriba. Ahí arriba os espera algo.- Amedio no salía de su asombro. En su interior una voz chillona le advertía de algo, pero ¿ el que ? Cual fue su sorpresa cuando al alzar la vista vio algo sobre la cabeza de la estatua. Al principio fue difícil diferenciar que era mas cuando alertó al resto del grupo, todos pudieron ver con precisión a un ser alado, con idéntico aspecto al demonio de la estatua. - vaya, que tenemos aquí.- la figura habló con voz sería, casi demencial. El ser agitó las alas bajando unos pies, los justo para ser visto en su totalidad. Un cuerpo rojo como la sangre, musculoso y con pequeñas manchas negras repartidas por todo su cuerpo hasta la cabeza astada. En la mano derecha sostenía una lanza negra que despedía una horrible aura púrpura. Pasados unos segundos, el horrible ser volvió a hablar: - os doy la bienvenida a mi reino un p... - ¡ no es tuyo insolente bastardo !.- gritó Ulrich Sclaffen. Tuvo que ser frenado por Amedio y Xel, este último sin perder de vista al enemigo. - enano, voy a disfrutar quitándote la vida. - dijo Dregom Zalax - Entrometidos, caeréis como cayeron todos los demás. Un sonido ensordecedor llenó la estancia. Del final de la sala surgió un carro tirado por dos grandes lagartos. En la cuadriga había dos humanoides: un hombre lagarto de gran peso y volumen que llevada las riendas del carro; tras el coloso reptil había un Yuan-ti, enemigo de la misma raza que aquel misterioso enemigo derrotado en la cueva del templo Larssmig cuando intentó secuestrar una niña de la ciudad de Kitur. El yuan-ti, tan pronto como vio al grupo, comenzó a disparar con arco largo. Tal era la velocidad y pericia del arquero que disparó dos flechas que impactaron en el paladín Kualmel Dagot, hiriéndolo de extrema gravedad. La distracción sirvió para que el demonio Dregom lanzara un ataque dirigido a Amedio; apuntando con la lanza comenzó a hablar en un lenguaje extraño, surgiendo un rayo de color negro de la infernal arma. Xel, que estuvo en todo momento pendiente de los movimientos de Dregom, se interpuso entre la trayectoria del rayo y el explorador, desviando el ataque con el escudo rúnico. De un impulso el canarconte comenzó una lucha despiadada en el aire contra el demonio alado; Ulrich corrió hasta su fiel pony, montando a toda velocidad y cargando contra la cuadriga; Amedio se preparó con el hacha a dos manos para la carga enemiga; Niedelassar empezó con ataques a distancia, los cuales rebotaban en el duro escudo del gran hombre lagarto, puesto en forma de media cobertura. El enemigo era tan fuerte y habilidoso que podía dirigir las riendas y cubrirse con el escudo; Lía se deslizó hacia la estatua, comenzando a trepar por la espalda de la demoníaca figura; Tara se quedó al lado del paladín, lanzando un conjuro frente ellos dos creando un escudo mágico que desviaba las flechas enemigas; Haindall hizo lo mismo con Niedelassar, colocándose a la diestra de la sacerdotisa de Corellon Larethian y conjurando una protección contra proyectiles. Fin del cuarto episodio
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