Territorios del Norte de Kitur

 
           
        La vida cotidiana de los habitantes de Kitur es interesante y apasionante. Dentro de la ciudad multitud de estudiantes y eruditos recorren las calles para pasear o bien para encontrar algún trabajo esporádico para poder pagarse los estudios. Pero los auténticos habitantes de Kitur son aquellos que trabajan duramente en el campo, la pesca, la agricultura; son los que realmente han ayudado a que la ciudad se haga grande y fuerte. Estas personas se levantan muy temprano, cogen sus herramientas y salen por el camino del Norte, recorriendo tres kilómetros hasta llegar a su destino. Muchos tienen negocios y bienes que hace mucho tiempo ganaron con el sudor de su frente. No es de extrañar que mucha gente quiera vivir en Kitur; esto es debido a que los impuestos son muy bajos, sólo para la milicia y poco más, de lo restante se encargan los señores de la ciudad.Los asentamientos del norte se dividen en cuatro grandes territorios: La acrópolis de Altarka, donde las piezas de la antigua ciudad son llevadas, catalogadas, estudiadas y  más adelante reconstruidas; los territorios de Kruma, donde se encuentran los pastos más verdes y frescos; la llanura de Maleh, donde se cultivan la mayoría de hortalizas, legumbres, hierbas medicinales y materias primas que necesitan en la ciudad y el puerto de Ïakup, donde los pescadores se hacen a la mar y traen el preciado pescado fresco de Hien.  
 

La acrópolis de Altarka

 

Una magnifica obra arrancada de las entrañas marinas de Hien. La reconstrucción, a cargo de unos ingenieros enanos, los mejores trabajando la piedra, se eleva esplendorosa en una cúpula de color blanco marfil. Puede que formara parte de un antiguo templo que adoraba al elemento del fuego o la lava. Las investigaciones no cesan y se comenta que Pëndes ha reclutado nuevos acólitos para el estudio de Altarka y su dominio ancestral.

La ubicación está situada a tres Km. De Kitur y ocupa una superficie de tres mil metros cuadrados.

 

Los IL Xmecan

 

No hace mucho se descubrió un mural de Adamantita con grabados interesantes y más aún, el vocabulario de los Altarkianos. Se ha descubierto que los antiguos habitantes de la acrópolis sufrieron una terrible transformación al final de su imperio. Según cuentan las escrituras, estos adoradores del elemento del fuego fueron capaces de transformarse en unas criaturas de magma tan poderosas y temibles que durante diez años arrasaron toda forma de vida en cinco mil kilómetros a la redonda. . Los elementales Altarkianos reciben el nombre de Il Xmecan, que según el vocabulario Aldarom, como ha sido bautizado recientemente, significa los hijos del magma.
Los antiguos habitantes de Altarka llegaron a dominar de tal manera el elemento del fuego que antes de su caída ya pudieron fusionarse con éste.
No hay datos precisos sobre su caída definitiva y se baraja la hipótesis que alguno de los Il Xmecan pueda haber sobrevivido a la muerte; ya que se han descubierto manantiales de magma debajo de la superficie de la Acrópolis, por dentro de las chimeneas humeantes.

 

Los territorios de Kruma

 

Kruma, fue en su día, unos de los buscadores más rápidos de todo Kitur. Viajó largo y vivió muchas aventuras narradas en la biblioteca de Kitur. Cuando hizo fortuna compro las tierras del norte que él mismo descubrió y dibujó en mapa palmo a palmo, hallando muchos pastos frescos y un manantial de aguas termales en los que se encuentra un balneario propiedad de La Hoja Perenne. En el Oeste de los pastos existe una cabaña recientemente reformada y reconstruida en la que vivió Kruma y donde realizó todos sus mapas guardados en la biblioteca de Kitur. Sus mapas ilustran todas las tierras del norte y los reinos Mikroth y Manisia y al Oeste en las tierras (ver), pero sin lugar a dudas el más impresionante es el de las tierras del Este, Las tierras orientales en las islas(ver). Se dice que junto a Kruma viajó un grupo de soldados en los que figuraba Slake, general de la guardia Kituriana y que en su día no disfrutaba de ningún rango excepto el de su difunto señor enano Rocketar.

Un libro es un cerebro que habla: cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruído, un corazón que llora.
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