Amedio Timefroster

Bienvenidos todos aquellos que os placen las historias de aventuras, aquellos que por otra parte también me acompañáis en el día de hoy, pues yo quiero explicaros una historia interesante sobre la vida a la que, llena de peligros, pudo sobrevivir su poseedor. Tomad asiento mis perspicaces oyentes porque nos dirigimos hasta un fin que implica una larga travesía y, poco me gustaría a mi que alguno de vosotros cayese rendido antes de llegar al final.

Primero de todo me presentaré como es debido. Mi nombre el Amedio mi profesión es la de guarda bosques, cuido del bosque que me otorga paz y tranquilidad protegiéndolo de malvadas criaturas de fuera de el. Tengo ya suficientes años a mis espaldas para no poder ni hablar pero mi parte élfica me obliga a permanecer estable a lo largo de los tiempos. Algunos pensareis que soy más joven que vosotros, pero es solo en apariencia. Os contaré de cómo he logrado sobrevivir a toda una vida llena de desgracias y alegrías.

Todo empezó al sur de un gran continente, en un pueblo llamado Beika. Algunos los conoceréis a través de las historias de vuestros abuelos, aquello que os decían que era solo un mito, ahora se hace realidad. Beika es el pueblo del que vengo, el pueblo donde una vez moré, la casa de los semielfos. Las familias que lo habitan están formadas por semielfos como yo. Me place explicar que nuestro pueblo producía una de las mejores cervezas de todo el continente. Era suave, esponjosa y tenía un sabor que pocos resistían. Pocos eran los que vivían en ella y se sentían angustiados y tristes, pues ninguno existía que hubiera tenido problemas con los que se encontraban en otros pueblos, alrededor del continente. Mantener una buena relación con la gente pequeña, los humanos, los elfos y las demás criaturas que existían sobre la faz de la tierra no era difícil, pues nuestro carácter era sociable y aún perdura en los que vivimos ahí esa pasión por conocer gente agradable.

Nací de padre y madre semielfos como podéis imaginar, ya que no había pasado ni una generación antes de que yo fuese concebido, así que la pureza de la sangre tanto élfica como humana, seguía casi intacta en mi cuerpo. Tuve un crecimiento sano y sin problemas. Compaginaba los estudios en la escuela local con las horas de juego con mis amigos y amigas semielfos sin preocupaciones.

Cuando cumplí los 7 años un explorador que viajaba a través del mundo llegó a nuestro pueblo. Era un enano de unos cuantos años, tenía cara de sabiduría, de haber vivido muchos tormentos. Mis padres regentaban la posada del pueblo, que se llamaba “El rincón del druida”, que frecuentaban druidas, más que otras personas. Pocos eran los exploradores que venían buscando cobijo, pues decían la mayoría que todo se podía encontrar en la naturaleza y que no necesitaban de cama y techo alguno para cobijarse. Pero el enano fue una de las pocas excepciones, como lo suelen ser todos los enanos.

Joger, que es como se hacía llamar el enano, decía que no hacía nada de tiempo que había empezado a ser explorador. Aunque ninguno le creyéramos, el siempre contaba la misma historia. Mi fascinación por el oficio de explorador me vino entonces. En los tres días que se quedó Joger, intenté pegarme a el todo lo que pude, para ver solamente si se me pegaba algo de aquel enano, no media más que yo por aquel entonces, y yo, que casi no conocía mundo me preguntaba como podía ser que existiesen seres tan pequeños a parte de los medianos. La cuestión es que finalmente decidí irme con Joger cuando partiera a su viaje al bosque. No me costó mucho convencer a Joger de que me llevará, pero si a mis padres, ya que su parte humana, les pedía que no me dejasen ir, pero su parte élfica, les llamaba a dejarme crecer como a mi me viniera en gusto. Finalmente accedieron después de decirles que volvería de vez en cuando para visitarles.

El día de partir estaba muy nervioso porque nunca me había adentrado en un bosque, era una especie de miedo y emoción que me recorría todo el cuerpo, de arriba abajo. No sin antes despedirme de mis padres, hasta dentro de tres años, partimos hacía el viaje que nos deparaba la naturaleza, lleno de misterio.

En los primero 3 años que estuve “estudiando” con Joger “el arte del explorador”, aprendía a moverme por el bosque, a aprovechar los recursos que me brindaba y a esconderme en la oscuridad que proporcionaban los árboles. Joger siempre decía que todos debíamos respetar las plantas y así lo hacíamos, pedíamos siempre perdón a las plantas que cortábamos, las gracias a los árboles en los que nos cobijábamos y adorábamos a la Madre Naturaleza por todo lo que nos daba.

Al cabo de los tres años, regresamos a Beika, poco había cambiado, pues seguía igual de radiante y se respiraba una gran felicidad en ella. Mis padres se pusieron muy contentos al ver entrar al enano, que entró primero, y luego más contentos aún cuando entré yo detrás de Joger, a la posada. Ese primer día lo pasé con mis padres, explicándoles mis vivencias en la naturaleza, habiendo conocido a muchos otros exploradores, diferentes razas…
En el segundo día decidí que era hora de ir a visitar a mis amigo, Longue “el Travieso”, que seguía igual de travieso que nunca se alegro de verme aunque le hubiera estropeado la broma que le estaba a punto de gastar a su profesor de lengua élfica. Tradfur y Elysse, ya estaban hechos el uno para el otro cuando me marché y aun seguían así, claro que con tres años, era muy difícil cambiar. A muchos otros visité también en días posteriores hasta que me tocó irme de nuevo, pues mi entrenamiento no había hecho nada más que empezar.

Siete años de exigente entrenamiento en todo tipo de disciplinas con armas, tanto en cuerpo a cuerpo como a distancia fue el tiempo que pasó desde entonces. También aprendí varios idiomas. El térraro fue el primero que aprendí, pues Joger sabía el idioma y no dudó en enseñarme tan pronto como le fue posible. El trasgo lo aprendí una temporada que viajando por una país en el interior del continente, un ejercito de trasgos intentó invadirlos y tuvimos que hacer de espías para el rey del país. Fue fácil hacernos pasar por mercaderes y venderles objetos que esos cabezas huecas creían que eran de valor, mientras interceptábamos sus mensajes entre sus bases, así que con los conocimientos de runas enanas de Joger y la facilidad de aprender idiomas que ambos teníamos, por fuerza tuvimos que aprender a leerlo, hablarlo y escribirlo.

En una ocasión tuvimos la suerte, o desgracia, según de cómo se miré, de ir a para a una región en la que vivían gran cantidad de cambia-formas. Durante 3 años y medio tuvimos que vivir rodeados del peligro que suponía encontrarte con uno de esos licántropos merodeando de noche en forma de lobo hambriento de carne, mientras que por el día eran amables gentes, tan serviciales como lo eran en Beika.

Finalmente volvimos a Beika, o lo que quedaba de ella. Al salir del bosque vimos la gran explanada que antes era la casa de los semielfos. Casas devastadas totalmente por alguna fuerza superior a todo, no quedaba ninguna en pie. Mientras nos lamentábamos de no haber encontrado rastros de vida alguna, una mano toco mi espalda, me giré y os juró que nunca hube visto cosa más hermosa que la cara que ahora me miraba fijamente preguntándose, que es lo que hacía un semielfo y un enano, llorando en este pueblo arrasado. Mi cerebro empezó a viajar a través del tiempo sabiendo que en alguna vez de mi vida, ya había visto esa cara. De repente mi cabeza la encontró, era Yurika, una de mis amigas de la infancia aquella que estaba postrada sobre mí con la mano en mi espalda. De repente y al ver mi cara de asombro, pareció que ella se dio cuenta de quien era y balbuceó mi nombre, preguntándome si realmente era Amedio, el que se apenaba por su pueblo.

Me contó que no debía estar triste pues el pueblo no se salvó pero sus gentes seguían vivas. Una vez hecho esto nos llevó a Joger y a mi a lo mas interno del bosque donde se levantaba una gran ciudad sobre los árboles. Se me explico que un ejército de minotauros y nigromantes habían arrasado con toda Beika y que mucha gente había muerto. Me temí lo peor y les pregunté si mis padres se encontraban mis padres en la lista de fallecidos, me esperé lo peor. Me dijeron que solo mi madre había muerto en el ataque, pero que mi padre, aunque apenado seguía vivo. Mi alegría fue tremenda al saber que al menos no les había perdido a los dos.

Desde aquel día Joger y yo nos quedamos a proteger la nueva Beika. Ahí acabé mi entrenamiento.

3 años después Joger me dijo, que ya no hacía falta que les protegiéramos. Y que sería mejor que siguiésemos viviendo como guardabosques que éramos.

Desde entonces vivo vagando junto a mí amigo Joger los bosques de este mundo infestado de criaturas como los minotauros y personas como los nigromantes. No les guardo rencor a todos los nigromantes pero tampoco se merecen mi respeto, y juré que si algún día me encontraba a uno, solo le ayudaría si se encontraba en mis mismas condiciones y demostraba que era de fiar, pues nunca se sabe lo que puede pasar.

 

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